lunes, 9 de abril de 2012

Preguntas que todos acabaremos haciendonos en algún momento así como lo hiceron los sabios en su día...


«¿Qué significa esta peregrinación que hacemos por el mundo», pensó, «y por qué todos estos seres humanos y animales se ven forzados a hacer su entrada y salida en el escenario de este teatro evanescente que es la vida?

¿Cuál es la naturaleza de nuestra mente y cómo debe gobernarse? 
¿Qué es esta maya del universo? 

¿Cuál es su origen y cómo podemos eludirla? 
¿Cómo encadena a la mente y qué ventaja o desventaja hay en desembarazarse de esta ilusión? 

¿Qué dice el vidente de los métodos destinados a dominar los apetitos del espíritu y de los resultados que con ellos se obtienen?
 ¿Qué dice de la tranquilidad del espíritu? 

Nuestros corazones y nuestras mentes son quienes tienden a desplegar el mundo fenoménico ante nosotros y, de esta existencia irreal, hacemos una realidad. Todas esas cosas están entrelazadas entre ellas en nuestras mentes y se difuminan cuando nuestros apetitos mentales disminuyen. 
La débil luz de la razón se ve eclipsada por las sombrías nubes de las pasiones y codicias.

 ¿Cómo puedo, pues, distinguir lo justo de lo falso? 
Por una parte, la mente nos conduce al conocimiento espiritual y, por otra, nos desvía hacia la mundanalidad. 

¿Cuándo se calmarán por completo mis ansiedades? 
¿Cuándo finalizarán mis inquietudes? 
¿Cuándo poseerá mi mente su santidad? 
¿Cuándo detendrá su vuelo mi capricho para concentrarse en la Verdad interior? 

¿Cuándo mi mente se absorberá en el Espíritu supremo como se apacigua una ola agitada en el seno de un mar en calma? 
¿Cuándo la luz de la razón disipará esta sombría nube de ignorancia que envuelve a mi Esencia divina con el velo de esta forma lamentable?
Valmiki, Yoga Vasishtha
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